Lecturas y algo más: entrevista a Patricio Pron

Por Raúl Andrés Cuello

  1. La primer pregunta que tengo para hacerte gira en torno a una frase que Tabarovsky le oyó decir a Piglia hace unos años, esa que dice: «No hacen falta más escritores vanguardistas, sino lectores vanguardistas». ¿Cuáles, opinás, serían en este caso los actores que estarían cumpliendo el rol de ‘lector vanguardista’? ¿Quiénes son (en el caso de que existiesen) los que están sabiendo leer lo que pasa en la literatura y están, de alguna forma, pudiendo entregar al medio un producto ‘vanguardista’?

No es fácil responder a tu pregunta. Por una parte, porque no me parece que haya demasiadas personas que estén leyendo “bien” la literatura en español contemporánea: mencionar algunas (porque, sin embargo, las hay) sería ofrecer una lista incompleta por más extensa que fuera, y, a su vez, no responder a una pregunta creo que esencial, ¿en qué consistiría “saber leer”? Y más: ¿Qué sería una lectura vanguardista? ¿En relación con qué lo sería? ¿A qué visión de la literatura como “progresión” nos reduce la internalización de determinados valores asociados con la vanguardia? Pienso que estas preguntas son lo suficientemente importantes como para pretender clausurarlas yo. Y a su vez, también pienso que, a pesar de la escasez de “lectores vanguardistas”, sí hay un tipo de “literatura vanguardista” (que yo preferiría llamar “de resistencia” o incluso “contraintuitiva” si se piensa en su relación con el mercado) que tiene una docena de autores magníficos en español y prospera sostenida sólo por cierta parte de la crítica, una media docena de editores y algunas instituciones literarias y culturales, quizás los “lectores vanguardistas” de los que hablaba Piglia.

  1. Siguiendo la línea de lectura, en una entrevista reciente afirmabas leer dos o tres libros por semana. ¿Es posible asimilar lo que se lee con ese nivel de procesividad (entre 104 a 156 libros al año)? Y si fuese posible, ¿qué es lo que te deja ese cruce incesante de lecturas?

A mí me parece más que posible (además de necesario, si uno trabaja como crítico literario, que es lo que yo hago aparte de escribir ficción) a condición de que uno tenga un interés limitado en cosas que parece a todo el mundo le interesan ahora, como las series de televisión o las redes sociales. Leer tantos libros al año es una especie de rutina gimnástica que ayuda a no conformarse con lo primero que uno lee y/o a poner en cuestión las reputaciones y las estrategias editoriales, de las que el lector ocioso siempre es víctima. El valor de un libro siempre está en una relación estrecha con el de otros libros, y de la emergencia de ciertos títulos en un determinado momento histórico se deriva una especie de “espíritu de los tiempos”: leer es la única forma de determinar por qué leemos ciertos libros y no otros (quizás mejores) y cuál es el estado de la literatura en un momento determinado que casi siempre es el presente, o lo que llamamos presente: y el presente es lo único que hay, por supuesto.

  1. Algunos autores, como por ejemplo Vila-Matas, dicen que prefieren no leer al momento de escribir su libro para no verse influidos por lo que están leyendo, ¿cómo opera en tu caso el efecto de la lectura de otros textos mientras estás elaborando tu manuscrito?

No creo que haya nada parecido a una literatura en estado de “pureza” y tampoco que haya algo, un estilo personal y no intercambiable que yo deba preservar; tampoco creo que, de existir, eso intransferible por propio que aparecería en mis libros pudiera estar en riesgo por leer a otros mientras estoy escribiendo. Mi actitud es la opuesta, si acaso: leerlo todo y dejar que todo me conduzca hacia un lugar al que no pensaba llegar, ajeno a mi control e incluso a mis expectativas. Y leer mucha poesía tratando de aprender algo de ella, también mientras estoy escribiendo.

  1. En otra entrevista que te realizaron habías dicho que probablemente la novela que no habías leído y que te había influido más era La novela luminosa de Mario Levrero. ¿Contás con una lista de novelas no-leídas que influyeron tu escritura? ¿Es posible armar un canon de lo no se lee?

Ah, ese tipo de bromas que uno hace (o que le hacen a uno) acaban arrastrándose con uno hasta el final de los tiempos. En realidad sí leí La novela luminosa, lo cual significa que no la leí: su negatividad, su renuncia persistente a ser lo que se espera de ella supone (como otros grandes textos de la literatura de los últimos ciento cincuenta años) que no se la puede leer, o no se la puede leer del todo. En ese sentido, casi todos los textos que me interesan (y aquí podríamos pensar en una posible respuesta a la pregunta de qué sería una “literatura de vanguardia” en este momento, al menos para mí) consisten en un gesto simultáneo de apertura y de clausura, un gesto por el cual el texto revela algo de sí mismo y a su vez oculta en más y más niveles de interpretación su verdad profunda. Se niega a ser lo que se espera de él, excepto a un nivel superficial, que contenta a la mayor parte de los lectores pero (por suerte) no a todos ellos.

  1. ¿Qué te brindó tu paso por Alemania en la forma que tenés de leer los textos? ¿Qué cambió y qué permanece luego de la experiencia de habitar otra lengua?

Aquí tengo que remitir a mi maestra Sylvia Molloy y a su “vivir entre lenguas”, que creo que resume bien el tipo de alternativas que se presentan regularmente en la vida de alguien que habla dos o tres idiomas o más y los considera sus lenguas literarias. Si escribir ficción es siempre “vivir afuera”, no vivir en la Argentina en este momento y escribir prestando atención a varias tradiciones nacionales, incluyendo la argentina pero sin exclusión de otras, es una situación muy literaria, muy productiva para escribir. Y en parte se la debo a Alemania y ahora, en menor medida, a España y a los otros países donde mis libros son publicados y suscitan conversaciones con los lectores, en la mía o en otras lenguas.

  1. ¿Cuáles son los libros que más te impactaron en lo que va del 2017?

Listas, listas… Voy a extenderme y al mismo tiempo a ser terriblemente reduccionista, incluso injusto. Los libros que más me impresionaron hasta el momento son los siguientes:

La furia de las imágenes. Notas sobre la postfotografía de Joan Fontcuberta (Galaxia Gutenberg)

Cronografías. Arte y ficciones de un tiempo sin tiempo de Graciela Speranza (Anagrama)

George Orwell fue amigo mío de Adam Johnson (Seix Barral)

Querida Ijeawele, o cómo educar en el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie (Literatura Random House)

Creer y destruir. Los intelectuales en la máquina de guerra de las SS de Christian Ingrao (Acantilado)

Conjunto vacío de Verónica Gerber (Almadía, Sigilo y Pepitas de Calabaza)

Diario de Sintra de Stephen Spender, Christopher Isherwood y W.H. Auden (Gallo Nero)

  1. Saliendo del tópico de la lectura. Imaginemos que un editor de un país remoto (Kuala Lumpur, por ejemplo) quiere editarte pero antes necesita saber de qué van tus libros; ¿de qué manera podrías resumir tu obra en un argumento breve? ¿Qué es lo que caracterizaría a un libro de Patricio Pron del resto de lo que se escribe hoy?

No me corresponde a mí decirlo, por supuesto. Además, existe una especie de miopía por proximidad que afecta a todos los escritores y nos impide ver en nuestra obra aquello que otros ven en ella, pero a su vez, también, nos permite seguir produciéndola, lo cual es algo así como una bendición.

  1. Por último, ¿en qué proyecto estás trabajando actualmente?

Un nuevo libro de relatos, a publicarse en España en enero de 2018: Lo que está y no se usa nos fulminará. (Sí, por esa razón.) Mis intereses más inmediatos son, sin embargo, mantener con vida a dos gatos abisinios de tres meses de edad que tienen una enorme curiosidad por los cables eléctricos y llegar vivo (o algo así) al final del verano.

*Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris Review, Zoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. En 2014 publicó Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura. Su más reciente libro es No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: